Nicolás Maduro juró ante el Tribunal Supremo de Justicia, e inició así su nuevo mandato hasta 2025. En su discurso lanzó amenazas al Parlamento y al Grupo de Lima, instando a los 12 países de la región a rectificar su postura sobre su gobierno, dando una fuerte advertencia sobre la ya debilitada Asamblea Nacional.

La ceremonia de asunción se realizó luego de las advertencias de la mayoría de sus vecinos regionales, incluido Estados Unidos, que emprenderán una ofensiva diplomática contra la cúpula chavista para forzar la celebración de unas nuevas elecciones. A poco de asumir la Organización de Estados Americanos (OEA) acordó “no reconocer la legitimidad” de su mandato, mientras que Paraguay rompió relaciones.

Maduro dijo que Venezuela “es un país profundamente democrático”, y explicó que en 19 años hicieron 25 elecciones para todos los cargos. “He cumplido con la Constitución y está certificado mi juramento. Estoy listo para llevar las riendas hacia un destino superior”, indicó. “Somos una democracia de verdad, de la clase obrera, del pueblo, no de élites, de magnates y multimillonarios. Y yo soy un presidente demócrata”, afirmó, y confirmó que se mantendrá en el camino hacia “el socialismo del siglo XXI”. Además propuso una “cumbre especial para debatir francamente” que le permita al país “madurar y transformar el clima que daña y traiciona el sueño de los libertadores” y dijo que corregirá los errores cometidos en su mandato.

“No podemos permitir que la derecha destruya la unión de América, por eso pido una cumbre de presidentes, que se escuche a Venezuela”, afirmó. Aunque aclaró: “Así como nosotros no intervenimos en los demás países, nosotros debemos solucionar nuestros propios problemas”.

Maduro también habló de una “campaña de mentiras perversas y asquerosas” en todo el mundo y de una “conspiración para vaciar a Venezuela de democracia”. “Es público y notorio cómo el encargado de negocios de Estados Unidos personalmente se dedicó a visitar a todos los precandidatos de la posición que querían participar en las elecciones”, afirmó.  

 

Minutos antes dijo ante frente al Tribunal Supremo de Justicia Maikel Moreno: “Juro, a nombre del pueblo de Venezuela, por el legado de nuestros antepasados, de nuestro amado comandante Hugo Chávez, que no daré descanso a mi brazo ni reposos a mi alma y que cumpliré y haré cumplir todos los postulados de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”.

El juramento, dijo el mandatario, es un compromiso con el que procura “defender la independencia e integridad absoluta de la patria, procurar llevar a la prosperidad social y económica a nuestro pueblo y construir el socialismo del siglo veintiuno”.

En la previa el líder socialista, lejos de mostrarse dispuesto a negociar, redobló la apuesta. Le dio 48 horas de plazo a los países del Grupo de Lima para que rectifiquen sobre la declaración que hicieron de la crisis política y el diferendo limítrofe entre Venezuela y Guyana, y advirtió que si no lo hacen tomará medidas diplomáticas “más crudas y enérgicas”. 

Con un tono aún más amenazante, el mandatario adelantó que estaría dispuesto a apoyar a la Asamblea Nacional Constituyente, compuesta en su totalidad por integrantes afines al Gobierno, si ésta decidiera cerrar el Parlamento y llamar a nuevas elecciones.

En el país petrolero, normalmente el ascenso al Palacio de Miraflores (sede del Poder Ejecutivo) se realiza en el marco de una ceremonia en la Asamblea Nacional ante una nutrida representación internacional. Esta vez, es muy distinto, luego de que los resultados de las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo no fueran reconocidos por gran parte de la comunidad internacional.

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