El mercado de alquileres en el Gran Buenos Aires (GBA) atraviesa una dinámica distinta a la de la Ciudad. Mientras en CABA la oferta comenzó a recomponerse en los últimos dos años, en el conurbano la escasez de unidades disponibles mantiene la presión sobre los precios y sostiene subas por encima de la inflación
Los datos más recientes marcan esa diferencia con claridad. En el último año, en el conurbano los departamentos de 2 ambientes aumentaron un 52% y los de 3 ambientes un 51,6%, muy por encima del 31,3% de inflación general del período. Aun con una desaceleración en el último trimestre, los valores continúan en niveles elevados.
La explicación principal aparece del lado de la oferta. El conurbano arrastra años con bajo nivel de desarrollo de edificios, lo que genera un stock limitado frente a una demanda sostenida.
Otro elemento clave es el cambio en el perfil de la demanda. La imposibilidad de acceder a crédito en gran escala mantiene a muchos hogares dentro del alquiler, lo que refuerza la competencia por cada unidad disponible.
En paralelo, tras el DNU de Javier Milei modificó el comportamiento de los propietarios. De allí en mas, la mayor previsibilidad incentivó la oferta en algunos casos, pero también elevó los requisitos para los inquilinos, lo que redujo el universo de operaciones posibles.
El resultado terminó en un mercado más selectivo, con valores firmes y una escasa capacidad de corrección en el corto plazo.
En paralelo, el nuevo marco del mercado locativo modificó el comportamiento de los propietarios. La mayor previsibilidad incentivó la salida de unidades al mercado en algunos corredores, aunque también elevó las condiciones de ingreso.
especialistas explican que los valores actuales responden a una recomposición tras contratos que habían quedado desfasados y señaló que la mejora en la rentabilidad volvió a atraer propietarios. Sin embargo, aclaró que ese proceso no se replica con la misma intensidad en todo el conurbano, donde la oferta sigue condicionada por la falta de desarrollo.
También plantean que la dificultad de acceso al crédito hipotecario mantiene a muchas familias dentro del alquiler, lo que sostiene la presión sobre los valores y limita cualquier corrección.
Asimismo, sin la incorporación de nuevos stocks de viviendas, la tensión sobre los precios se va a mantener, ya que la demanda supera de manera constante a la oferta disponible, y el mercado seguirá condicionado por el acceso al financiamiento y por la capacidad de generar nueva oferta.







